de los Espías - PP
Descripción del caso
El caso de los Espías, también conocido como la 'Gestapillo', es uno de los escándalos más llamativos de la política madrileña. Entre marzo y mayo de 2008, desde la Dirección General de Seguridad de la Comunidad de Madrid, funcionarios vinculados a la facción de Esperanza Aguirre organizaron seguimientos y vigilancias a cargos del propio Partido Popular que formaban parte del entorno político rival: el vicealcalde de Madrid Manuel Cobo, el vicepresidente regional y consejero de Justicia Alfredo Prada, y la entonces vicepresidenta de la Asamblea Cristina Cifuentes. Todos ellos pertenecían al círculo de Alberto Ruiz-Gallardón, principal adversario interno de Aguirre en la lucha por el liderazgo del PP tras la derrota electoral de Mariano Rajoy en las elecciones generales de 2008. También fueron vigilados el diputado regional Rodríguez Flores y otras personas del entorno gallardista.
La operación habría sido orquestada desde la cúspide de la consejería dirigida por Francisco Granados, con Sergio Gamón Serrano, director general de Seguridad, y su número dos, Miguel Castaño Grande, como coordinadores de un grupo de guardias civiles y policías nacionales que realizaron labores de inteligencia al margen de sus funciones. Los acusados emplearon datos de localización de teléfonos móviles e informes de seguimiento mecanografiados para rastrear los movimientos de los espiados. Declaraciones de los agentes implicados apuntaron al vicepresidente de la Comunidad, Ignacio González, como quien ordenó los seguimientos por su "especial interés". La investigación quedó archivada y reabierta en tres ocasiones a lo largo de más de una década, bajo las Diligencias Previas 1891/2009 instruidas en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 5 de Madrid. Durante el juicio oral de 2019, el excomisario Jaime Barrado desveló lo que él mismo denominó la "Operación Boñiga": una presunta trama entre el exfiscal anticorrupción Manuel Moix y el entonces jefe de la UDEF, José Luis Olivera, para desviar la acusación desde los políticos responsables hacia los agentes subalternos.
El proceso judicial fue extraordinariamente dilatado: el caso se archivó y se reabrió en tres ocasiones distintas durante más de una década. En 2019 la causa llegó finalmente a juicio oral ante un tribunal del jurado popular en la Audiencia Provincial de Madrid (Sección 23ª). La fiscal del caso pidió la absolución al considerar que los hechos no estaban suficientemente probados; el PSOE como acusación popular solicitó entre dos y cuatro años de prisión para los acusados, y la Comunidad de Madrid ejerció también la acusación al reconocer el espionaje con fondos públicos. Por cinco votos contra cuatro, el jurado declaró no culpables a Gamón y a Castaño, y por unanimidad absolvió a los cuatro agentes subordinados. El caso cerró sin ninguna condena, dejando en el aire la pregunta de quién ordenó realmente los espionajes.
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